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cambios de la tercera edad

Sociedades como la nuestra han conseguido un espectacular aumento de la esperanza de vida. Esta capacidad para alargar los años que vivimos se ha traducido también en nuevos problemas que van asociados al envejecimiento.
Sin embargo, no hay que sean estos los que acaben dominando por completo la vida impidiendo que los últimos años de esta se conviertan en algo desagradable.

Evidentemente, las personas mayores sufren profundos cambios en sus vidas, cambios que sus seres queridos y los profesionales del cuidado deben conocer y comprender para actuar ante ellos. Los cambios más profundos e importantes son los que vamos a ver a continuación para entenderlos mejor.

Comprender la situación de las personas mayores

La entrada en la tercera edad viene cargada de cambios. Esto es algo que tanto los ancianos como los cuidadores deben comprender. Los cambios afectan a todos los niveles, y es que irán desde los hábitos de vida hasta la capacidad para relacionarse o para cuidar de sí mismos.


Dicho lo anterior, queda claro que es importante tener presente que hay que hacer una adaptación a la vejez. En muchos casos, las personas mayores no van a ser conscientes de ello e incluso van a resistirse, ya que siempre querrán vivir como lo han hecho durante toda su vida.


Esto es lo que obliga a familia y cuidadores a realizar un profundo trabajo. Este deberá tener en cuenta tanto una sensibilización de la persona mayor ante su nueva situación como la comprensión de los problemas que estos van a tener.
La empatía, por lo tanto, es fundamental. Antes de intentar cambiar los hábitos de los mayores o de tomar decisiones en las que no se valore su situación, hay que ponerse en su lugar. Tratarlos con el debido respeto y atendiendo siempre a sus circunstancias reales es la clave para que los problemas creados por los cambios se reduzcan y para que, además, la adaptación a la tercera edad sea mucho más feliz.

Cómo cambia la vida de los mayores

Conseguir que se produzca un envejecimiento activo y saludable es algo fundamental. Para ello es importante tener en cuenta que se van a producir muchos cambios tal y como hemos dicho antes.


Ahora bien, la mejor forma de adelantarse a las necesidades que estos cambios van a crear no es otra que conociéndolos de antemano. Así, cuando los problemas asociados a estas modificaciones en la vida se vayan produciendo, la respuesta podrá ser inmediata y adaptarse a las necesidades reales que tienen los mayores.
Vamos a ver con más atención cuáles son esos cambios a los que nos estamos refiriendo.

Cambios en el carácter

Incluso las personas que tienen una mejor carácter y una mayor afabilidad se encuentran ante este tipo de situación. Las experiencias vividas durante toda la vida se unen a las que trae consigo la vejez, la situación en lo que al deterioro del carácter se refiere puede llegar a ser bastante compleja.


Algunos de los cambios externos que los cuidadores y familiares advertirán en el carácter de las personas mayores son situaciones como una falta de interés en las relaciones sociales, una profunda insatisfacción con todo lo que las rodea, el descuido de su propia imagen y otras parecidas.


Es importante estar muy pendiente de cualquiera de estos cambios. Su manifestación suele ser de lo primero que se hace realidad cuando comienzan los problemas relacionados con la vejez. Es más, estos problemas con el carácter tienen que ser tomados también como advertencias de situaciones más serias, ya que tras los de carácter vendrán situaciones más problemáticas que se convertirán en graves problemas de salud a no tardar demasiado.

Cambios físicos

A veces nos olvidamos de que a los ancianos también les preocupa su imagen. Son personas y, si han mantenido siempre una cierta preocupación por su imagen, esta la van a mantener en la tercera edad.
El problema es que los cambios se van a producir por ley de vida. La aparición de arrugas, el pelo canoso, la pérdida de algunos centímetros de altura o la disminución de la masa muscular son aspectos que no son demasiado bien llevados por algunas personas.


Es cierto que estos problemas no afectan a todos los ancianos por igual. Es más, si estas personas consiguen mantener una buena actividad física y no caen en estados depresivos que hagan que pierdan el interés por su cuidado, puede que los cambios físicos no terminen de afectar demasiado a la vida diaria.


La clave ante esta situación está en hacer que el anciano siga sintiéndose autosuficiente en lo que respecta a su imagen. Que elija su ropa, que dedique tiempo a su aseo y que se cuide de forma voluntaria haciéndole ver que los cambios físicos de la vejez no tienen que acabar necesariamente con su imagen.

Los cambios en la cognición

La capacidad de conocer de los ancianos y su memoria son facultades que se van a ver alteradas tarde o temprano. Una vez más, no todas las personas mayores van a mostrar los mismos problemas aquí, pero sí que todos van a tener problemas de mayor o menor intensidad.
Entre los problemas relacionados con la cognición nos encontramos situaciones como la pérdida de agudeza visual y auditiva, un descenso de la capacidad para procesar información o el miedo a enfrentarse a nuevos problemas y situaciones.
Todo esto puede sumarse a otros problemas relacionados con la vejez haciendo que las personas se vean encerradas en una situación en la que ya no se sientan ellas mismas. El cuidador tiene aquí la misión de estimular al anciano de forma adecuada para que ejercite sus funciones mentales, única forma posible de mantener una cierta agilidad intelectual que haga que las personas consigan esquivar los problemas que hemos visto.

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Las alteraciones de las relaciones sociales en la tercera edad

Las relaciones sociales también se ven afectadas por la llegada de la vejez. Hay tres esferas fundamentales en este sentido que son las que se deben analizar de forma más detenida.


Estas son las relaciones con las amistades, con la familia y con la pareja en particular. Todas ellas pueden alterarse debido a la nueva situación de la persona que está viviendo la entrada en la vejez.
El caso de la pareja es especialmente importante si de lo que se trata es de afrontar la muerte de esta persona. La desaparición de la persona amada que en muchos casos ha sido la misma durante muchos años es un golpe devastador para muchos ancianos. Es por ello que lo mejor es incluso animar al anciano a que visite un psicólogo para tratar de afrontar esta pérdida de la mejor forma.


Con la familia los problemas son diferentes. En muchos casos, los hijos y allegados toman posturas erróneas ante la vida de los ancianos que incluyen cambios constantes de hogar y actitudes de incomprensión ante los problemas y cambios que conlleva la vejez. Como ya apuntamos antes, lo importante aquí es desarrollar una actitud empática en la que los mayores sientan que son respetados como siempre lo han sido.


Y quedan las amistades. No son pocos las personas que llegan a la vejez y cortan las relaciones que han tenido durante toda su vida. Es por ello que hay que intentar que los ancianos no se encierren en sí mismos y se aíslen para que mantengan una vida social activa. Incluso es clave que estos vayan sumando nuevas amistades a su grupo de amigos a través de diferentes actividades orientadas a sus necesidades.


Mantener la vida social es una de las claves para asegurarse una vejez feliz y activa, y es que todos necesitamos formar parte de un grupo de personas con el que poder hacer todo tipo de actividades.

Vida y deseo sexual

La vida sexual es una fuente de placer, autoestima y felicidad en cualquier etapa de la vida. Con la vejez sucede exactamente lo mismo, aunque siempre se tienda a pensar que los ancianos han perdido el deseo.


Esto es completamente erróneo. Es cierto que puede haber problemas relacionados con el vigor sexual o que situaciones como la pérdida de la pareja hagan que el sexo se convierta en un tabú en los últimos años de vida.
El tema suele ser también algo delicado para los que están cerca de un anciano prefiriendo no tocarlo en absoluto.

Sin embargo, se debe intentar hacer comprender a la persona mayor que tiene derecho a seguir disfrutando de su sexualidad con independencia del momento de la vida al que haya llegado. Si lo llegan a entender y se liberan, la vejez se puede convertir en uno de los momentos más satisfactorios y llenarse con una experiencia que siempre es positiva para todos.

La jubilación

A veces se sueña con que llegue la jubilación para disfrutar de tiempo libre. Sin embargo, lo cierto es que, cuando llega el momento, son muchos los que caen en una situación de miedo e incluso depresión.


La pérdida de la condición de trabajador y el merecido retiro se empiezan a ver con preocupación. El trabajo suele ocupar buena parte de las horas del día de cualquier persona y se convierte en la base de la personalidad en muchos casos. Por ello, cuando llega el momento de dejarlo, la sensación es más negativa que positiva.


No sucede igual con todas las personas mayores, pero sí que son muchos los que se tienen que enfrentar al problema. Los casos en los que se produce una situación más suave son los de aquellas personas que cuentan con una buena vida social fuera del trabajo y que, además, tienen aficiones en las que volcarse.


En el caso de que esta situación no se produzca, hay que animar a las personas jubiladas a crearla. Es decir, se debe estimular el que hagan actividades con las que poder disfrutar de su día a día y el que conozcan a nuevas personas creando un círculos de amistad fuera del perdido entorno laboral.

Humor y personalidad

Con todos los cambios que hemos visto hasta ahora que se producen cuando llega la vejez, no es nada raro que la personalidad de los ancianos y su sentido del humor sean aspectos que den un vuelco considerable.


Esto se produce en muchos casos por una caída en picado de la autoestima. Es por ello que se debe controlar adecuadamente cómo nos relacionamos con los ancianos. La autoestima es algo en lo que los familiares y cuidadores pueden influir notablemente.

Evitar que esta se resienta dará como frutos el conseguir que el humor de las personas mayores y su personalidad no cambien demasiado a peor, por lo que se debe tener siempre gran cuidado en realizar acciones que hagan que el mayor se sienta como un estorbo o que sienta que ya no puede controlar su propia vida.

Cómo se debe actuar ante los cambios

Que los cambios se van a producir es algo de lo que no se puede tener dudas. Eso sí, no se van a dar todos y tampoco se van a producir con la misma intensidad en las personas mayores.


De ahí que la gran pregunta que haya que hacerse sea la de cómo reaccionar a los cambios. Es importante mantener siempre la empatía y respetar a la persona que tenemos delante haciéndola sentir bien y valorada.


Eso sí, cada uno de los cambios que se van a producir tienen condiciones propias como hemos visto. Por eso, cada uno tiene también unas pautas aconsejadas a la hora de actuar que son las que los familiares o el cuidador deben tener presente en todo momento para no caer en errores en el cuidado.

Problemas con la memoria

Hay muchas ocasiones en las que se piensa que la pérdida de memoria es algo común en los ancianos y no se acude a un experto médico que pueda diagnosticar qué clase de problema hay de fondo.


Es cierto que prácticamente todas las personas mayores presentan problemas de memoria y no siempre esto esconde algo grave. Pero hay casos en los que este síntoma es el comienzo de enfermedades como la demencia, por lo que se debe actuar con celeridad para evitar males mayores.


Teniendo esto en cuenta, lo importante es saber también cómo hay que actuar para que la pérdida de memoria no afecte a los ancianos más de lo que ya lo hace. La paciencia es clave, ya que los mayores no deben entender que se les está regañando por algo que, realmente, no pueden controlar.


Repetir la información las veces que sea necesario, crear un sistema de recordatorios y hacer ejercicios que refuercen la memoria son claves para tener una buena actitud ante este problema.

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Crear un entorno adecuado

Cuando una persona mayor empieza a tener problemas para valerse por sí misma, especialmente cuando vive sola, es fundamental elegir el entorno en el que va a envejecer.


Lo ideal es siempre que el mayor esté en su propia casa, ya que esto le dará mayor sensación de autonomía. Se puede contar con el trabajo de un cuidador profesional para las tareas más complejas siempre que la familia no pueda hacerse cargo. Eso sí, todas las decisiones habrá que consensuarlas con el mayor. Si este ve que son los demás los que deciden por él cuestiones clave de su día a día, entonces no tardará demasiado en volverse en contra de los demás y se cerrará en banda incluso ante propuestas acertadas pensadas para mejorar su calidad de vida.

Las tareas cotidianas

Manejar electrodomésticos, llevar a cabo la compra para llenar la despensa o limpiar la vivienda son tareas cotidianas ante las que todos nos enfrentamos sin ningún problema. O al menos es así hasta que se llega a la vejez. Los problemas que conlleva el envejecimiento pueden hacer que todas estas tareas sean muy complicadas y se conviertan en una fuente de estrés.


Mientras el mayor sea capaz de valerse por sí mismo, lo que mejor va a funcionar es la paciencia. Explicarle las cosas las veces que sea necesario, crear junto con él una rutina de tareas para que sepa en qué momento debe hacer cada cosa o prestar ayuda siempre que lo necesita son aspectos clave para mejorar su vida.

La vista y el oído

Los problemas de visión y de audición pueden convertirse en un auténtico lastre para las personas mayores. Es cierto que esto se produce también en otras edades, pero en estas las personas suelen actuar rápido para poner remedio al problema.
Sin embargo, los ancianos muchas veces aceptan el deterioro de sus sentidos sin hacer nada. No acudir a un especialista es algo que se convertirá en poco tiempo en un lastre que terminará creando serios problemas, ya que el anciano se sentirá cada vez más inválido si no puede ver y oír bien.
Por eso, son las personas que están alrededor las que se tienen que encargar de hacer que la persona mayor no se descuide. Basta con acudir a una revisión anual de la vista y el oído para evitar que los problemas vayan a más y conseguir que los mayores disfruten de estos años con todos los sentidos en perfecto estado.

Desorientación

Este es un problema más grave de lo que puede parecer. En ocasiones, vemos que ancianos que son completamente autónomos tienen episodios de desorientación incluso dentro de su hogar. Ante esta situación, es importante acudir a un especialista y no restar importancia al asunto.


La desorientación es uno de los primeros síntomas de problemas como el Alzheimer o la demencia senil. Estos problemas son más fáciles de suavizar si se cogen a tiempo, por lo que es clave hacer ver al anciano que tiene que acudir a un especialista para poder disfrutar de una mayor calidad de vida.


Con todo, no hay que hacer que se asusten ni preocuparlos en exceso. Una vez más, la empatía es clave y será el médico finalmente el que indique cuál es el problema que se esconde de fondo.

Asimilar la situación

La clave de todo lo que hay que hacer cuando comienza la vejez es aceptar la situación. Con ello nos referimos también al trabajo de los familiares y del cuidador, los cuales deben jugar un papel clave para conseguir que los ancianos acepten que su vida ha cambiado, pero que puede estar llena de nuevas oportunidades.


La jubilación, la pérdida de la pareja o los problemas físicos asociados a la vejez son casos que casi todas las familias van a tener que afrontar con sus personas mayores. En la medida de lo posible, hay que hacer que los ancianos sigan siendo autónomos, aunque sin caer en ningún caso en el abandono que hará que las personas mayores vivan en una soledad que es peor que cualquier enfermedad.
En el caso de que sea necesario cambiar de lugar de residencia por motivos de dependencia, el trabajo tendrá que ser aún más intenso para hacer ver a nuestro mayores que lo que comienza es una nueva etapa de la vida que puede tener grandes momentos.

El papel del cuidador

Hemos insistido mucho en la empatía como clave para conseguir que las personas mayores se sientan acompañadas en el proceso de envejecimiento. Volvemos a hacerlo, ya que es fundamental que no se les dé de lado y que se comprendan sus necesidades.


Acompañarlos, hacer que muestren sus sentimientos y preocupaciones y permitirles tomar sus propias decisiones siempre que esto sea posible son detalles que pueden aumentar la calidad de vida de los mayores.


También es fundamental hacer un buen trabajo pedagógico para que los ancianos comprendan que la situación que viven es la propia de su edad. Afrontar la jubilación con optimismo, animarlos a seguir participando activamente en la vida familiar y en la vida social de su entorno y ayudarlos a mantenerse activos son aspectos del trabajo de cualquier cuidador que harán que su trabajo sea la base para conseguir que la vejez sea una etapa llena de felicidad.

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