Ancianos Insoportables: ¿Cómo convivir con ellos?

Ancianos Insoportables

A menudo, los problemas de salud, la avanzada edad y otros factores pueden hacer que algunas personas mayores se vuelvan insoportables, incluso para sus propios familiares y cuidadores. La convivencia dentro de la familia con una persona de edad avanzada puede tornarse difícil, haciendo que su actitud llegue a ser intransigente y problemática.

¿Pero, por qué ocurre esto? El anciano suele estar muy aferrado a sus hábitos y costumbres, e incluso puede haber perdido la capacidad de ceder y ser flexible, aunque puede suceder que con algún miembro de la familia no sea así.

Además, se añade el hecho de que en ocasiones las personas mayores son absorbentes, y generan desgaste en los demás. Debido a su carácter difícil, muchas de estar personas suelen vivir solas porque prefieren tener su propio espacio, bien por decisión propia, o de la familia. Aunque, de vez en cuando reciben visitas de familiares, o amistades; si el anciano puede valerse por sí mismo, la decisión de que viva solo suele estar acertada para evitar conflictos familiares.

Las personas mayores con esa personalidad, pueden tener además hábitos de vida que causan rechazo. La falta de higiene personal, el descuido en su vestimenta, los malos o extraños hábitos alimentarios, las manías en la disposición y orden de los muebles y objetos en el hogar, la acumulación de basura (síndrome de Diógenes), incluso sus respuestas y comentarios al defender tales hábitos y justificarlos, generan incomodidad con otros miembros de la familia. Además, pueden provocar la pérdida de amistades y causar en el anciano un aislamiento dañino que da como resultado una pérdida en la calidad de vida de la persona anciana.

En ocasiones, el comportamiento insufrible de estas personas mayores puede estar sustentado, y agravado por alguna ideología arraigada que se ha vuelto imprescindible para ellas como una adicción de la que son incapaces de salir; estas personas muestran su particular manera de ser incluso con un determinado vocabulario, con una dialéctica más o menos agresiva que las va aislando de los demás, y que no son capaces de percibir.

Efectivamente, una de las peores cosas que les puede pasar a los ancianos es quedarse aislados, apartados, al margen de toda vida familiar y social. Progresivamente van recibiendo menos visitas. Del entorno familiar cada vez son menos las personas que quieren ir a pasar un tiempo, un día, una tarde con ellas, puesto que son bastante insoportables, ya que no se les puede decir nada, y todo lo toman como una crítica.

También es posible que durante un periodo de tiempo, el anciano experimente alguna mejoría y se comporte con normalidad, pero en muchas ocasiones, el mal carácter vuelve y todos los avances conseguidos se pierden cuando pasa el periodo de mejoría. Los ancianos con mal carácter suelen emplear la ironía y la frialdad y suelen mostrar un gran egoísmo e incluso una cierta crueldad con su entorno.


Cuando es el anciano el que decide aislarse, suele rechazar las visitas de familiares y amigos, retroalimentando una espiral de aislamiento que causa a la larga desconfianza y depresión. Es él el que ve a los demás insufribles e insoportables y decide cerrar la puerta a visitas de cualquier tipo. Ese aislamiento conduce a la depresión al no querer compartir con nadie sus sentimientos por la pérdida de confianza..

El anciano no quiere ayuda

Las personas mayores suelen ser testarudas, y eso suele agravarse cuanto mayor es la persona, o ante la presencia de enfermedades de deterioro cognitivo, como la demencia senil o el Alzheimer. Hay ancianos que han aprendido a convivir con ello y el ser testarudos lo ven como algo muy normal.

Aunque muchos de ellos saben utilizar pautas de comportamiento más o menos normales, (son capaces de cuidarse, alimentarse y medicarse con una cierta normalidad), ante la aparición de algún problema, no son capaces de entrar en razón y no facilitan la convivencia con todos los miembros de la familia.

Muchas veces, el anciano ha aprendido a observar en silencio, a esperar el momento oportuno para hacer alguna crítica y oponerse a algún consejo sobre su higiene o alimentación, o acontecimiento que se presente en el día, y causar el enfado del cuidador. Su naturaleza testaruda no le permite salir de su rol, es incapaz de ello y a veces ni siquiera se lo plantea. En ocasiones pretende con un modo disimulado y algo malicioso y discreto que la familia se adapte a su manera de ser, de actuar, para acabar consiguiendo sus deseos, muchas veces egoístas.

¿Qué ocurre cuando la persona mayor lleva dos días sin salir de casa, sin que le dé el sol? Al caminar con dificultad, es dependiente de otras personas, que suelen ser sus familiares, o cuidadores contratados.

Ahí llega el conflicto: la ardua tarea de llevar a la persona mayor a la calle no es cosa fácil, ya que los ancianos suelen ser perezosos (prefieren estar cómodamente sentados en el sofá) y hay que hacerles entender los beneficios de salir a pasear. Este momento del día suele generar conflicto entre el anciano y el cuidador, ya que, hay que convencerle para salir en condiciones y no de cualquier modo.

Cambiarse de ropa, lavarse, peinarse, suele formar parte de un ritual que el anciano ya abandonó años atrás y que ahora suele rechazar causando disputas y discusiones. El anciano buscará toda clase de excusas (hace frío, es muy tarde, etc.) y se negará a acceder al paseo. Además, si el anciano padece Alzheimer, el reto de sacarle a la calle es algo casi imposible de conseguir.

Ante tales dificultades, la persona encargada de llevar al abuelo a pasear en ocasiones desiste en su esfuerzo y eso hace que cada vez quiera insistir menos en llevarle a caminar.

Pero, como suele ocurrir, los familiares se preocupan por sus mayores y esperan a un mejor momento para volver a proponerle al anciano salir a la calle. No resulta fácil cuidar y convivir con una persona mayor, ya que una de las características de la edad avanzada es la testarudez y la falta de empatía con el familiar o cuidador No todas las familias pueden permitirse el llevar a su mayor a una residencia de calidad, ni siquiera llevarle a un centro de día, por eso es tan estresante para el cuidador el tener a su cargo a una persona tan dependiente como suele ser un anciano.

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El anciano y los pequeños detalles.

A las personas mayores les distrae mucho ver la televisión y se quedan cautivadas siendo capaces de estar postradas ante ella durante horas.

Eso ocurre mucho en las familias cuando el anciano no se comunica casi, o nada (Alzheimer, demencia senil, etc.) La televisión con el volumen muy alto les puede hacer creer que están más acompañados, que hay alguien junto a ellos, y su capacidad auditiva se va deteriorando poco a poco, y con el problema de la sordera hace que el anciano no oiga, y ello conlleva que el sonido alto de la televisión cause molestias al resto de miembros de la casa, y se alejen de la estancia en la que se encuentre el anciano viendo el televisor, provocando una especie de aislamiento mutuo que se va haciendo persistente, hasta que ambas partes se acomodan a eso.

Muchas veces, intentar convencerles de usar auriculares, o bajar el volumen, resulta inútil para el cuidador. El carácter testarudo de los ancianos impide muchas veces conseguir mejoras propuestas por la familia o los cuidadores, como el uso de auriculares.

La armonía familiar y la buena convivencia se rompen cuando el anciano se niega a ceder o a comprender el uso de un dispositivo, como el auricular, para no molestar a los demás, probablemente su egoísmo e irritabilidad, junto al desconocimiento de las nuevas tecnologías, hagan que el anciano no ceda y acabe causando la irritación en su entorno.

El cuidado de las personas mayores es una tarea nada sencilla, ya que hay que saber hacer uso de la paciencia y ser conscientes de que el anciano, muchas veces es un enfermo y hay que estar pendientes de todas sus necesidades. La atención y empatía nos ayudarán a convivir en el día a día y conseguir el mayor bienestar del anciano.

Si la persona mayor está en casa, el resto de los miembros de la familia deben saber la importancia que tiene una atención especial para ese tipo de personas y comprender que muchos ancianos necesitan atenciones muy concretas y hay que saber comprenderles.

Toda la atención es fundamental: desde el cuidado personal (aseo, alimentación, cuidados, salidas al médico, paseos), hasta la atención afectiva y emocional (saber escucharlos, hablar con ellos, hacerles participar en los eventos familiares, mostrarles afecto, etc.)

Todos tienen que cooperar para que la convivencia con el anciano sea de la mejor calidad, ya que las personas mayores merecen toda la atención de sus familiares y cuidadores y estos deberían emplearse con todos los medios posibles para que eso sea posible.