Fatiga Crónica: tratamiento

Fatiga Crónica: tratamiento

Aunque aún hay disparidad de opiniones dentro de la comunidad médica, lo cierto es que cada vez se está más de acuerdo con que la fatiga crónica es una enfermedad neurológica que debe tener reconocimiento.


Su prevalencia en todo el mundo alcanza los 17 millones de personas. Eso sí, es en ancianos donde demuestra tener una mayor presencia. En muchos casos, la fatiga crónica se achaca a cuestiones de edad, pero lo cierto es que las personas mayores sanas pueden seguir llevando un estilo de vida activo sin ningún problema.

Por ello, conviene tener presentes todas las características de esta enfermedad para saber si se está ante un caso de fatiga crónica.

Preguntas claves para conocer si existe fatiga crónica

Lo cierto es que no es nada sencillo diagnosticar los casos de fatiga crónica. Encontrar las causas fisiológicas que motivan la enfermedad aún no es posible, por lo que se debe llevar a cabo una profunda descripción de los síntomas para concluir que existe un cuadro que sea propio del síndrome.


Es evidente que también se deberán hacer pruebas físicas. Sin embargo, estas van más encaminadas a conseguir que se descarten otros problemas de salud que puedan estar causando la fatiga que el paciente sufre que a buscar las propias causas del síndrome.


Como su propio nombre indica, el síndrome de fatiga crónica se caracteriza por un estado permanente de cansancio. Por mucho que el paciente descanse y que sus hábitos sean saludables, la fatiga no desaparece impidiendo que se pueda llevar a cabo una vida normal en cualquier sentido.


El actual método de diagnóstico es un test que los pacientes tienen que cumplimentar de la mano de un médico profesional para conseguir aclarar si existe el cuadro que define este síndrome. Las preguntas más habituales que se encuentran en el test son las siguientes:

  • ¿La sensación de cansancio no disminuye con el descanso?
  • ¿Es cada vez más complicado llevar a cabo tareas diarias sencillas?
  • ¿Siente dolor en algunas partes del cuerpo?
  • ¿Padece alguna enfermedad reumática o fibromialgia?
  • ¿Ha padecido una larga exposición a determinados productos químicos?
  • ¿Suele tener pérdidas de memoria a corto y largo plazo?
  • ¿Le cuesta manejar el estrés?
  • ¿Está sensible y se irrita con facilidad?
  • ¿Pierde el equilibrio o se desorienta?
  • ¿Sufre intolerancia a la luz o a olores concretos?

Las anteriores no son todas las preguntas que los médicos suelen hacer para intentar dilucidar si existe la fatiga crónica. Sí que es una muestra bastante representativa de las mismas. Lo que se intenta conseguir con ellas es aclarar algunos aspectos de la vida e intentar encontrar los motivos que se esconden tras el problema que se está presentando.

Cómo saber si se tiene fatiga crónica

El autodiagnóstico no es ninguna posibilidad en este caso. Para llegar a la conclusión de estar padeciendo el síndrome de fatiga crónica, los pacientes deben pasar por exhaustivos controles médicos y someterse a pruebas neurológicas.


Son muchas las enfermedades que podrían estar provocando estados de cansancio, por lo que hay que descartarlas antes de poder realizar un diagnóstico de cualquier tipo.


Con todo, si un anciano da muestras de padecer un cansancio excesivo y no recupera energía alguna con un descanso normal, entonces es mejor acudir a la consulta de un especialista para que este comience con las pruebas que puedan servir para aclarar la situación que pueda haber de fondo.

Hábitos para convivir con la fatiga crónica

Si después de todo lo que hemos dicho antes el médico llega a la conclusión de que un paciente padece fatiga crónica, el siguiente paso irá encaminado a cambiar ciertos hábitos de vida para conseguir una cierta mejora.


Hay que tener en cuenta que, aunque existan algunos fármacos que ayudan, lo cierto es que la fatiga crónica se aborda mejor desde la actividad diaria que desde la farmacología, por lo que es clave que el paciente sepa que está en su mano el poder mejorar activamente de este tipo de problema.


Por ello, vamos a ver a continuación los cambios más significativos que se deben llevar a cabo si se quiere conseguir un aumento de la energía en el organismo para poder reducir la incidencia de la fatiga crónica.

Alimentación

Lo importante a nivel de alimentación será recurrir a productos saludables. Es fundamental elegir siempre aquellos que tengan una proporción nutricional adecuada para que el cuerpo disfrute de todos los nutrientes que necesita para mantener una actividad adecuada.


Sin duda, los alimentos vegetales son muy importantes, aunque tampoco se debe dejar de lado las grasas saludables y los lácteos. Es más, en casos en los que haya problemas para mantener una dieta equilibrada, algo que sucede con muchos ancianos, recurrir a complejos vitamínicos es una buena idea para suplir las carencias y que el cuerpo cuente con todos los nutrientes que pueda necesitar para llevar un estilo de vida saludable.

Ejercicio

Aunque parezca una contradicción, el cansancio causado por la fatiga crónica no debe conllevar una disminución de la actividad física de los pacientes. Por desgracia, esto es lo que sucede en la mayoría de los casos, y es que cualquier persona con este problema deseará pasar más tiempo descansando que haciendo ejercicio.


Sin embargo, el sedentarismo no hará más que empeorar el cuadro de la enfermedad. Hay que recordar que la fatiga crónica no se alivia descansando. Si no se hace ejercicio, la atrofia muscular o el desarrollo de enfermedades reumáticas no tardarán en aparecer agravando de forma considerable los daños que se van a sufrir en el organismo por culpa de este problema.


Eso sí, tampoco hay que incitar a las personas con fatiga crónica, especialmente a los ancianos, a que lleven a cabo una actividad demasiado alta que no sea soportable. Rutinas de yoga, paseos a un ritmo tranquilo y estiramientos para mantener activos los músculos pueden ser buenos recursos accesibles para cualquier persona.

Evitar el estrés

La voluntad psíquica puede hacer muchas veces que las personas con fatiga crónica hagan más de lo que pueden. Esto es un error, ya que se debe tomar conciencia de estar padeciendo una enfermedad que hay que mantener controlada y a la que hay que adaptarse.


Es por ello que un excesivo ritmo de vida no es compatible con este cuadro médico. Hay que bajar el ritmo y, muy especialmente, evitar las situaciones de estrés. La mente se va a ver afectada también por esta dolencia, y es que la fatiga crónica no solo afecta al cuerpo.


Así, hay que buscar momentos de relajación, escapar de las rutinas tóxicas del día a día y reducir el ritmo diario que antes se llevaba cuando no existía este problema.

Apoyo psicológico

Esto es algo que debe venir de los demás, de aquellos que rodean al paciente que ha sido diagnosticado con fatiga crónica. Es tan importante como el resto de los aspectos que hemos comentado, y es que los afectados no pueden sentirse nunca solos ni incomprendidos, algo que sucede en muchos casos.


El cansancio, aunque no esté justificado desde un punto de vista físico, está ahí y la persona lo siente con una gran intensidad. No basta con animar a la persona a hacer cosas o reprocharle que siempre está cansada, esto solo conducirá a respuestas negativas por parte de los afectados.


Hay que hacer ver al paciente que está vivienda una nueva situación y que se entiende perfectamente su estado. Acompañar y empatizar son las claves para que las personas con fatiga crónica puedan salir adelante de una forma más sencilla y humana.


Es más, en los casos en los que la persona se vea afectada anímicamente de una forma más grave, será una buena idea el que se acuda a un profesional de la psicología para recibir terapia adecuada a su caso, algo que puede hacer que afrontar la enfermedad sea mucho más fácil.

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Tratamiento para el síndrome de fatiga crónica

Actualmente, la fatiga crónica no puede curarse. Es decir, no existe un tratamiento definitivo que acabe con los problemas que dar forma a este síndrome, algo que los pacientes deben saber siempre desde el primer momento.


Lo que sí que existen son tratamientos multifactoriales que pueden ayudar muchísimo a reducir la sintomatología del síndrome. Es a esto a lo que hay que acudir para que los pacientes con este problema comiencen a sentirse mejor y puedan llevar una vida saludable y tranquila en la que la fatiga crónica no se convierta en lo único que exista.

Terapias

Aquí hablamos de terapias completamente naturales que son las que hay que tener en cuenta para controlar el estado de salud y reducir el impacto de la fatiga crónica en el organismo.


Se ha demostrado que terapias tan sencillas como el yoga o la meditación diaria son muy efectivas para reducir los síntomas de la fatiga crónica. Es algo que pasa también con otras patologías que tienen un origen neurológico, pero aquí lo que nos interesa es su relación con la fatiga crónica.


En este sentido, la tranquilidad y el bienestar mental que producen estas sencillas prácticas es algo que se puede aprovechar enormemente por parte de los pacientes. Asimismo, la acupuntura o el tai chi también pueden convertirse en muy buenos recursos para conseguir que los problemas que la fatiga crónica crea se reduzcan notablemente.

Fármacos

El tratamiento con fármacos de la fatiga crónica va más a los síntomas del síndrome que a la raíz del mismo. Es decir, se diagnostican medicamentos para problemas como el dolor o como la ansiedad causada por este problema de salud, pero no existe ningún tipo de remedio o medicamento que pueda aplicarse a los problemas que hay de fondo.


Ansiolíticos, paracetamol, complejos vitamínicos… La lista de recursos disponibles para paliar todos los problemas causados por el síndrome de fatiga crónica son muchos. Sin embargo, hay que recordarlo una vez más, los fármacos no van a solucionar en absoluto el problema, por lo que se deben combinar con los cambios en los hábitos de vida que antes hemos señalado como adecuados para las personas que padecen este problema.


El reverso de los medicamentos que pueden ayudar a combatir este problema son los que lo pueden agravar notablemente. Los antihistamínicos, algunos antibióticos, ciertos antidepresivos o los tratamientos para controlar la tensión arterial han demostrado que pueden desencadenar y agravar los problemas de esta dolencia.

Alimentos

La alimentación es clave para ponerle freno a la fatiga crónica. Es más, hay constancia de que ciertos productos son capaces de reducir las sensaciones y los molestos síntomas que suelen venir acompañando a este problema de salud, por lo que tienen que estar siempre a mano de los pacientes que sufren el cuadro de fatiga.


Recursos tan fáciles de obtener como la manzanilla, la alfalfa, el ginseng, la avena o el polen de abeja son más que suficientes para obtener ciertos beneficios que permitirán a los pacientes mejorar en algunos aspectos relacionados con el síndrome de fatiga crónica.

El cuidado de ancianos con síndrome de fatiga crónica

El trabajo de los cuidadores o de los familiares que estén cerca de una persona mayor con problemas de fatiga crónica no va a ser sencillo. Es importante tener en cuenta el estado de la persona y asumir que su cansancio es algo contra lo que es muy complicado luchar.


Por otro lado, no hay que dejar en ningún caso que los ancianos caigan en la inactividad más absoluta. Esto no va a mejorar nada la situación que viven y sí que la agravará conduciendo a que se desarrollen nuevas patologías.
La alimentación, el ejercicio moderado y las terapias naturales son complementos muy efectivos. Eso sí, ninguno de ellos debe sustituir a las visitas recurrentes al médico.

Este es el profesional que se va a encargar de crear un tratamiento adecuado para cada persona y es el único que puede dictaminar si se está ante un caso de fatiga crónica o ante otro problema de salud.