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Cómo limpiar una vitrocerámica

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Las placas de vitrocerámica, además de añadir un toque elegante y moderno al aspecto de tu cocina, hoy en día se han convertido en un elemento fundamental de nuestro día a día. Sin embargo, cuando existen restos de comida derramada y quemada que ya han hecho costra, limpiarla puede constituir todo un desafío. Por eso, a continuación, te ofrecemos algunos consejos para mantener tu superficie para cocinar, tan nueva como el primer día.

Los desafíos de limpiar la vitrocerámica

A la hora de plantearse cómo limpiar la placa, debemos tener muy en cuenta el material con el que está fabricada. Aunque es bonita y, cuando es nueva o está limpia, su superficie está reluciente, hay que tener mucho cuidado de no arañarla para que siempre siga así, evitando sobre todo, estropajos y nanas. También, es bueno tener cuidado a la hora de demostrar el gran chef que tienes dentro: ¡demasiado estilo al darle la vuelta a la tortilla de patatas podría provocar que todo el aceite y el huevo se derramara y se quemara!

Lo mejor que puedes hacer es limpiar la placa cada vez que la tengas que utilizar, antes de que se acumulen los residuos alimenticios, todos requemados, que pueden ser un foco de infecciones, además de malos olores. Bastan un poco de agua templada y un buen lavavajillas y, para las manchas más difíciles, existen productos específicos cuya composición desengrasa, pule y abrillanta.

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Si estás utilizando un limpiador de horno, asegúrate de que también sirve para limpiar tu vitrocerámica. Te recomendamos, asimismo, evitar los detergentes abrasivos, como son muchos limpiadores multiusos cremosos de venta en los supermercados. Estos podrían afectar perjudicialmente a tu placa y dejar remanentes alimentarios que huelen fatal al calentarse.

Si hay restos de comida después de la cocción, como caldo o leche derramados que se han quemado, puedes usar un raspador de vidrio y cerámica con un ángulo especial de 30 grados, específico para este trabajo y que los levantará, sin dañar la superficie. Son muy fáciles de encontrar en las ferreterías y algunos sitios en línea, y eliminan la suciedad sin esfuerzo.

Instrucciones sobre cómo limpiar una vitrocerámica

  • 1. Retira todos los restos de comida y derrames, para que queden solo con las manchas restantes.
  • 2. Si quedan algunas de las manchas, usa un raspador con un ángulo de 30 grados, como el mencionado anteriormente.
  • 3. Aplica una pequeña cantidad de líquido de limpieza específico. Su composición especial, con poderosos agentes activos y delicadas partículas abrasivas, eliminan la grasa y el almidón aflojando, así, la suciedad quemada.
  • 4. Deja el líquido de limpieza durante un par de minutos para que absorba la suciedad y la mugre, lo que facilita la eliminación de los restos de alimentos secos.
  • 5. Luego, con un paño limpio, si puede ser de microfibra, limpia las manchas.
  • 6. Si necesitas algo un poco más fuerte, el papel de cocina o un papel de periódico enrollado te proporcionará más intensidad en la limpieza, sin ser demasiado ásperos.
  • 7. Seca con un paño limpio todo, para recuperar el brillo original.

Y… ¡eso es todo!

Algunas cosas que no se deben de hacer para limpiar la vitrocerámica

  • No uses nada abrasivo en una vitrocerámica como estropajos, nanas o rascadores no adecuados. De lo contrario, los rayones serán inevitables.
  • No caigas en la tentación de raspar con un cuchillo los restos de alimentos secos porque rayarás, también, la superficie.
  • No utilices productos de limpieza como lejía, amoníaco o desengrasantes no específicos. Son demasiado abrasivos.

¿Por qué tanto cuidado?

Las placas vitrocerámicas manejan altas temperaturas (¡hasta 1.300° F!) y son energéticamente eficientes. Dado que la superficie de cocción es muy delgada y permeable al calor, este puede llegar a la olla o sartén con poca o ninguna pérdida de energía lo que, desde el punto de vista energético, es sumamente respetuoso con el medio ambiente.

Además de su enorme resistencia al calor y estabilidad, las vitrocerámicas también se distinguen, tal como ya hemos dicho, por su elegante estética y, lo más importante, su longevidad. Pero -insistimos-, el uso y cuidado adecuados es fundamental para mantener la calidad y las prestaciones de la placa durante mucho tiempo.

El azúcar es el mayor enemigo de tu vitrocerámica

Si derramas un poco de azúcar en la placa por accidente, mientras está encendida, asegúrate de quitarla de inmediato e, idealmente, con el raspador antes recomendado.

Pero… ¿por qué deberías tener especial cuidado con el azúcar? Pues, porque cómo ya sabes, las placas vitrocerámicas son extremadamente resistentes al calor. Cuando la temperatura aumenta, el vidrio se expande a medida que los componentes cerámicos se contraen, manteniendo el material estable, incluso en fluctuaciones extremas de temperatura.

Sin embargo, el azúcar no tiene esta capacidad. Cuando se calienta, el azúcar se expande. Si la placa de cocción se enfría, entonces, la vitrocerámica se mantiene estable, pero el azúcar se expande nuevamente, provocando un daño irreparable en tu vitrocerámica.

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¿Cómo evitar que tu vitrocerámica se ensucie?

En la medida de lo posible, antes de ponernos a fondo a limpiar, va a ser más sencillo prevenir que curar.

  • No llenes demasiado tus sartenes: las hortalizas no precisan demasiada agua para cocer al vapor. Si reduces su cantidad, evitarás desbordamientos.
  • Usa una olla más grande, si lo anterior no es posible. Es incómodo cuando ya te has puesto en faena, pero te ahorrarás una limpieza engorrosa después.
  • Cuando se salga el agua o el caldo, límpialo inmediatamente. Retira la olla o sartén, apaga todos los fuegos y limpia rápidamente, con cuidado de no quemarte. Seca después, previamente a volver a encender los fuegos. Una limpieza rápida y de emergencia te va evitar un buen fregado.
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