Salud mental y personas mayores

Salud mental y personas mayores

Se cree que en 2050, la población de personas mayores de 60 años habrá crecido un 22% en todo el mundo. Lo cierto es que la población mundial envejece muy rápidamente y, en este sentido, cabe decir que es posible que el 20% o más de estas personas padezcan los principales trastornos mentales como depresión, ansiedad o demencia.
La mayor parte de las personas mayores de 60 años gozan de una estupenda salud mental.

De hecho, es una parte de la población que lleva a cabo aportaciones muy significativas a la sociedad, ya sea como miembros familiares, trabajadores y voluntarios.

Ahora bien, gran parte de ellos presentan un mayor riesgo de sufrir algún tipo de enfermedad mental, así como otro tipo de enfermedades como artrosis o diabetes. Lo que está claro es que a medida que nos hacemos mayores, las posibilidades de contar con diferentes enfermedades físicas y mentales a la vez aumentan peligrosamente.


La sociedad en general ha adquirido conciencia sobre la salud mental en la vejez por la forma en la que afecta a las personas mayores. En este post vamos a hablar sobre los trastornos mentales y neurológicos de las personas mayores más comunes y sobre la necesariedad del cuidado en la salud mental.

El verdadero problema de la salud mental en personas mayores

Los ancianos pueden manifestar varias enfermedades físicas, de ahí que los síntomas de los trastornos mentales puedan confundirse y no llegar a ser identificados por familiares y especialistas médicos. Además, las personas mayores aquejadas de afecciones psiquiátricas no suelen acudir a la consulta de un psiquiatra y ni tan siquiera se atreven a hablar de los síntomas de su enfermedad por miedo a lo que puedan pensar los demás.

Y es que las enfermedades mentales en el adulto mayor aún están bajo el estigma de la sociedad actual.
Es fundamental incidir en esto porque más del 10% de las personas mayores pueden padecer algún tipo de trastorno mental, ansiedad o depresión. Además, en la tercera edad también pueden presentarse problemas físicos de todo tipo e incluso pérdidas de movilidad o autonomía, lo que dificulta aún más su tratamiento.


Cuando las personas mayores de 60 años empiezan a notar ciertos signos de una enfermedad mental, evitan tratarlo en la medida de lo posible hasta que resulta inviable y es entonces cuando deciden acudir a un profesional.


Es necesario indicar que las personas que sufren ansiedad o depresión se pueden tratar perfectamente y mejorar su calidad de vida. Se trata de afecciones que pueden superarse con el fin de reconducir sus vidas y recuperar su salud. También es necesario indicar que las relaciones sociales sólidas y estables, ya sea con familiares o con amigos, contribuyen de buen grado para conseguir una buena salud mental en personas de la tercera edad.

Los factores de riesgo de los trastornos mentales

En la salud mental de las personas pueden influir multitud de factores biológicos, psicológicos y sociales. Por un lado, muchas personas mayores deben enfrentarse a ciertas dificultades en su día a día que tienen que ver con la pérdida de movilidad, fragilidad, problemas físicos o dolores crónicos. Esto les impide llevar una vida con aparente normalidad y necesitan la ayuda de cuidadores, sean o no profesionales.


Entre los ancianos también es habitual enfrentarse a la pérdida de un ser querido con el dolor que eso supone. Asimismo, no debemos olvidarnos de las consecuencias de la jubilación, lo que significa que el nivel socioeconómico de la persona desciende, algo que puede resultar muy difícil de sobrellevar. La discapacidad también es algo a tener en cuenta y todo en su conjunto puede acarrear soledad, angustia, dependencia y aislamiento social. Fruto de este malestar interior, aparece el estrés y la ansiedad que pueden ser el inicio de un trastorno mental grave.


La salud mental puede influir muy negativamente en la salud física, lo que puede ocurrir a la inversa. Muchas personas mayores padecen enfermedades cardíacas, las cuales cuentan con un riesgo más alto de padecer depresión con respecto a las personas sanas. En estos casos, si la depresión no es tratada, pueden agravarse aún más los síntomas de la afección física.

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Las principales enfermedades de la mente en personas mayores

Las personas de la tercera edad cuentan con una mayor vulnerabilidad al maltrato emocional, económico, psicológico o físico. También les pueden afectar mucho las faltas de respeto e incluso la falta de atención de los demás. De hecho, algunas personas mayores sufren maltrato físico y psíquico, lo que puede dar lugar a ansiedad y depresión.


Aunque no lo creamos posible, muchos adultos mayores son ninguneados e ignorados por personas que les rodean, menospreciando su contribución a la sociedad o no teniendo en cuenta sus opiniones. Esto a la larga puede derivar en problemas psicológicos de diversa índole.


Estas son algunas de las enfermedades mentales más comunes que suelen padecer las personas de la tercera edad.

Depresión

La depresión es una afección psicológica que se presenta con mucha frecuencia en las personas mayores. Aparece cuando la persona tiene una percepción muy negativa sobre la vida y una autoestima inferior. Algunas veces puede venir acompañada de otros síntomas físicos como falta de sueño, problemas intestinales, falta de apetito, anorexia y pérdida de peso.


La depresión suele caracterizarse por un sufrimiento interno que imposibilita que la persona pueda realizar sus quehaceres diarios con normalidad.

En el caso de los ancianos, la depresión puede pasar a un segundo plano teniendo en cuenta las enfermedades físicas. Sin embargo, es de vital importancia tratarla de la misma manera.
Esta afección puede trastocar mucho el día a día de la persona que lo sufre. A pesar de que actualmente son muchos los ancianos que la padecen, en el Sistema de Salud Pública no se trata como debería, algo que debería cambiar de una vez por todas.


La depresión impide hacer las actividades diarias con efectividad y aumenta la negatividad en el individuo. Ante enfermedades crónicas como hipertensión arterial o diabetes, las personas que lo padecen sobrellevan mucho peor sus patologías físicas porque en todo momento tienen la percepción de tener una pésima salud.

Ansiedad

Es habitual confundir depresión con ansiedad, pero no es lo mismo. La persona que padece ansiedad se anticipa peligrosamente al futuro, presentando un estado de temor constante. La ansiedad no es provocada por algo concreto y suele aparecer con síntomas físicos claros en forma de palpitaciones, sudoración, dificultad para respirar o tensión muscular. Normalmente, la ansiedad es la consecuencia de un sentimiento de frustración e impotencia.

Demencia

Hablamos de una enfermedad clínica que deteriora la facultad intelectual del individuo y que está asociada a la pérdida de memoria y al deterioro progresivo o crónico de la actitud y el pensamiento de la persona con problemas mentales.


En la actualidad, millones de personas en todo el mundo sufren demencia, aunque la mayoría de ellos son ancianos. Esta enfermedad es tan grave que puede impedir la realización de tareas sencillas del día a día, como hacer una lavadora o incluso alimentarse.


La demencia anula la capacidad de raciocinio y deteriora la memoria. Se trata de una afección frecuente que tiene lugar principalmente en la vejez. De hecho, se calcula que más de 45 millones de personas padecen demencia en el mundo, un número muy elevado que aumentará notablemente en 2030 y aún más en 2050 hasta alcanzar los 135 millones.


La demencia está unida a muchos problemas de tipo económico y social, que suponen un elevado coste a la asistencia social y médica. Por otro lado, las familias pueden sufrir mucho por sus seres queridos y la presión emocional, física e incluso económica pueden resultar muy desconcertantes. Y es que las personas afectadas necesitan mucho apoyo a nivel social, económico y sanitario.

Riesgos de suicidio

Puede que este trastorno aparezca con menor habitualidad, pero las personas mayores cuentan con un riesgo mayor de suicidio. Los motivos por los que realizan tentativas de suicidio pueden ser numerosas, desde la pérdida de un amigo o familiar hasta sentirse rechazado, pasando por la inestabilidad económica o el hecho de no poder sobrellevar la aparición de enfermedades mentales o físicas.

Tratamiento y prevención

Para tratar como es debido los problemas relacionados con la salud mental de los ancianos, es clave que tanto los cuidadores como el equipo sanitario, los familiares y la sociedad en su conjunto se encuentren debidamente preparados.


Muchas veces, las familias se dedican a cuidar a sus mayores, aunque en el caso de las personas con trastornos mentales y neurológicos deben recibir ayuda de personal capacitado que esté habituado a tratarlos.
Estos trastornos de la vejez suelen generar bastante sufrimiento, muy especialmente cuando el ser querido deja de tener independencia y precisa atención directa las 24 horas del día.

En estos casos, lo más indicado es contar con la figura de cuidadores profesionales que se dediquen a atender a la persona del mejor modo posible. Para desempeñar correctamente su trabajo deberán conocer las características de la afección mental que sufre el paciente y conocer su situación personal con ayuda de la familia.


Una vez identificado y analizado el trastorno neurológico del anciano, este podrá seguir con su vida gracias al fomento del envejecimiento activo a través del cual se potencia la participación y seguridad del anciano. Para hacerlo posible es preciso crear un entorno propicio para que las personas de la tercera edad puedan mejorar su bienestar y estilo de vida a través de la creación de condiciones cotidianas realistas.

Estrategias para abordar las necesidades de la salud mental

Es necesario reivindicar y apostar por la promoción de la salud mental, aportando ciertas estrategias que garanticen las necesidades básicas de la persona mayor. Para ello es conveniente que dispongan de ciertos recursos con los que poder garantizar su bienestar diario, entre las que destacan los siguientes:

  • Ayudas económicas y mayor apoyo para los ancianos y sus cuidadores.
  • Contar con una vivienda que se adecúe a sus necesidades.
  • Disponer de políticas de salud que vayan dirigidas a grupos vulnerables. Nos referimos básicamente a las personas que padecen alguna enfermedad crónica mental o física, o a las personas mayores que viven solas.
  • Impedir el maltrato y cualquier signo de violencia hacia el anciano mediante la implantación de programas efectivos.

Aspectos importantes a nivel médico

Recibir atención médica es requisito indispensable para prevenir la aparición de enfermedades, y tratar y controlar las patología de carácter crónico. En el caso que nos ocupa, las afecciones psicológicas y mentales que se suceden en el envejecimiento deberán ser tratadas por personal sanitario que disponga del conocimiento y las herramientas necesarias.


Obtener un diagnóstico precoz de la enfermedad mental de la persona mayor es clave para poder abordarlo cuanto antes siguiendo una atención primaria. Igual de importante es alertar a la familia sobre las consecuencias de estos trastornos mentales a largo plazo para que empiecen a tomar conciencia de los síntomas que aparecerán con el tiempo.

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La sociedad debe está en alerta para cubrir todas las necesidades de las personas de edad avanzada, pero también los familiares y los asistentes sanitarios. Algunas de las medidas más efectivas para prestar los cuidados necesarios son los siguientes:

  • Formar a los profesionales sanitarios con respecto a los cuidados de los ancianos.
  • Prestar atención a la prevención las enfermedades crónicas que suelen formar parte de la vejez, como son los problemas mentales.
  • Creación de políticas que tengan en cuenta la asistencia a largo plazo e incluso los cuidados paliativos en el caso de las personas a quienes les queda poco tiempo de vida.
  • Dotación de servicios y la creación de entornos en pro de favorecer el bienestar y calidad de vida de las personas de edad avanzada.

Contar con profesionales médicos adecuados es importante para poder establecer diagnósticos inmediatos, que permitan tratar las patologías psicológicas con éxito. Según esto, para hacerlo posible es preciso:

  • Identificar las enfermedades físicas que pueden venir de una enfermedad mental para tratarla con efectividad y mejorar los síntomas.
  • Mejorar el bienestar de la persona mayor, haciendo posible un envejecimiento activo que permita su participación en la sociedad y posibilite su capacidad funcional.
  • Saber detectar las actitudes y efectos de comportamiento que revelen el trastorno mental para tratarlo cuanto antes.
  • Informar a los cuidadores profesionales sobre los síntomas de la enfermedad a largo plazo para que puedan servir de apoyo a los pacientes y sus familiares.